Soltera a los 40 – Compartimos historias de singles











{01/03/2013}   Sola sí, Desesperada no

payasosCuando llegué a esta ciudad soleada, a veces gris y plomiza, me prometieron que encontraría al gran amor de mi vida.

En un bar de noche, en un café, en una fiesta, en un grupo de amigos, en una cena, en un concierto,    en un curso de cocina, en un taller de cerámica, en un meet up, en una esquina, en el ascensor, en la puerta de enfrente…

Pero solo encontré Payasos. Payasos de mil colores y formas. Payasos tristes, otros deprimidos, o vulgares, traumados, enfermos, miedosos, pelotudos. Merluzos con ojos grises.

Pronto aprendí a reírme de ellos; ¿para eso están no?, en vez de a sufrir por ellos. Y de pronto todo se aclaró.

Los Payasos no pueden ser tomados en serio, y cuando llega Alguien sin disfraz chillón ni nariz roja se nota.

A ese Alguien dedico entonces mi atención. Existe, será.

 

Por Virginia Woolf

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Mariposa says:

El concepto ” el gran amor de mi vida” es una intelequia universal que no conoce ciudades. La incapacidad de enamorarse de un vulgar, anodino, superficial, pelotudo payaso viene de la MARAVILLOSA capacidad de discernimiento que acompaña a la madurez. Al fin y al cabo, no hay nada mas cansino que despertarse, dia tras dia, al lado del mismo aburridisimo payaso, no crees? Acabas hasta las mismisimas narices



Virginia Woolf says:

¡Que buena reflexión Mariposa! Huelga decir que el concepto en cuestión es una ironía 🙂



juguetona says:

Sus ojos negros ardían; precursores de sus manos, calentaban aquellas parcelas de mi piel, que luego sus labios quemaban, en su lenta invasión con lengua de fuego, y dedos en llamas, por todo el territorio que se extiende desde las raíces d…e mi pelo, al final de mi cuello; justo allí, donde el miedo palpitaba con la ferocidad del deseo y el gozo, pude sentir su respiración profunda, engullendo todo mi aroma en una sola bocanada de aire caliente, como si su boca fuese una planta carnívora, que estuviera devorando mi esencia toda, dejándome a cambio la marca caliente de su aliento y su olor, cómo única seña de identidad…
Supe desde ese instante, que sería inútil aventurarme a entrar más hondo de la superficie de aquel cuerpo inflamado, para morir abrasada en el intento suicida de llegar a un corazón, que sin duda, en su lugar, sólo encontraría, unos pedazos de piedra rotos, que los latidos del mío, habían convertido en trozos de carbón encendido… Y decidí blindarlo para él…

Había hecho suyo el Templo de mi cuerpo y sus deseos más carnales… Pero puse a salvo esa pequeña vela roja, donde flambea desafiante y victorioso todavía, el espíritu de lo sagrado del amor propio de una mujer.

Isa.Ver más



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