Soltera a los 40 – Compartimos historias de singles











Este post es una secuela de “El Arte de la Seducción” de Robert Greene.

Es un artículo resumen de este capítulo del libro, quiero aclarar que no es de opinión.

¡Se agradecerán vuestros comentarios al respecto!

La mayoría comprendemos que ciertos actos nuestros tendrán un efecto grato y seductor en otras personas. El problema es que, por lo general, estamos demasiado absortas en nosotras mismas: pensamos más en lo que queremos que en lo que ellos podrían querer de nosotros. Quizá a veces hacemos algo seductor, pero a menudo proseguimos con un acto egoísta o agresivo, tenemos prisa por lograr lo que deseamos. O sin saberlo, mostramos un lado mezquino y banal, desvaneciendo así las ilusiones o fantasías que él podría tener de nosotras. Nuestros intentos de seducción no suelen durar lo suficiente para surtir efecto.

No seducirás a nadie dependiendo sólo de tu cautivadora personalidad, o haciendo ocasionalmente algo noble o atractivo. La seducción es un proceso que ocurre en el tiempo: cuanto más tardes y más lento avances en él, más hondo llegarás en la mente del otro.

La seducción es un arte que requiere paciencia, concentración y pensamiento estratégico. Siempre debes estar un paso adelante del otro, encandilándolo  y descontrolándolo; esto se basa en ciertas leyes eternas de la psicología humana.

Hay 4 fases, cada tiene una meta particular: lograr que él piense en ti; tener acceso a sus emociones creando momentos de placer y confusión; llegar profundo actuando sobre su inconsciente y estimulando deseos reprimidos, y por último inducir la rendición física.

¡Comienza la cacería!

Punto 1.- Elige la víctima correcta.

Todo depende del objetivo de tu seducción. Estudia detalladamente a tu presa y elige sólo las que serán susceptibles a tus encantos. Las víctimas correctas son aquellas en las que puedes llenar un vacío, las que ven en ti algo exótico. A menudo están aisladas o son al menos un tanto infelices (a causa tal vez de recientes circunstancias adversas), o bien se les puede llevar con facilidad a ese punto, porque la persona totalmente satisfecha es casi imposible de seducir. La víctima perfecta posee alguna cualidad innata que te atrae y tus maniobras de seducción deberán ser naturales y dinámicas.

2.- Crea una falsa sensación de seguridad.

Acércate indirectamente. Si al principio eres demasiado directo, corres él riesgo de causar una resistencia que nunca cederá. La seducción ha de iniciarse indirectamente para que el objetivo se percate de ti en forma gradual. Ronda la periferia de la vida de tu blanco: aproxímate a través de un tercero, o finge cultivar una relación en cierto modo neutral, pasando poco a poco de amigo a amante.

Trama un encuentro “casual”, como si tu blanco y tú estuvieran destinados a conocerse; nada es más seductor que una sensación de destino. Haz que él objetivo se sienta seguro, y luego ataca.

3.- Emite señales contradictorias.

Una vez que la gente percibe tu presencia y que incluso se siente vagamente intrigada por ella, debes fomentar su interés antes de que lo dirija a otro. Lo obvio y llamativo puede atraer su atención al principio, pero esa atención suele ser efímera; a la larga, la ambigüedad es mucho más potente. La mayoría somos demasiado obvios; tú sé difícil de entender. Emite señales contradictorias: duras y suaves, espirituales y terrenales, astutas e inocentes. Una mezcla de cualidades sugiere profundidad, lo que fascina tanto como confunde. Un aura elusiva y enigmática hará que la gente quiera saber más, y esto la atraerá a tu círculo.

4.- Aparenta ser un objeto de deseo: Forma triángulos.

Pocos se sienten atraídos por una persona que otros evitan; la gente se congrega en torno a los que despiertan interés y queremos lo que otros quieren. Para atraer más provoca el ansia de poseerte, debes crear un aura de deseabilidad: de ser cortejada por muchos. Será para ellos cuestión de vanidad volverse el objeto preferido de tu atención, conquistarte sobre una multitud de admiradores. Crea la ilusión de popularidad rodeándote de personas del sexo opuesto: amigos, ex amantes, pretendientes. Forma triángulos que estimulen la rivalidad y aumenten tu valor. Hazte de una fama que te preceda: si muchos han sucumbido a tus encantos, debe haber una razón. Haz que la gente compita por tu atención, que te vea como alguien a quien todos persiguen. El aura de deseabilidad te envolverá.

(Leer el Diario de un seductor, de Soren Kierkegaard)

5.- Engendra una necesidad: Provoca ansiedad y descontento.

Una persona completamente satisfecha no puede ser seducida. Tienes que infundir tensión y disonancia en la mente de tus objetivos. Suscita en ellos sensaciones de descontento, disgusto con sus circunstancias y ellos mismos: su vida carece de aventura, se han apartado de sus ideales de juventud, se han vuelto aburridos. Las sensaciones de insuficiencia que crees te brindarán la oportunidad de insinuarte, de hacer que te vean como la solución a sus problemas. Angustia y ansiedad son los precursores apropiados del placer. Aprende a inventar la necesidad que tú puedes saciar.

6.- Domina el arte de la insinuación.

Hacer que tus objetivos se sientan insatisfechos y en necesidad de tu atención es esencial; pero si eres demasiado obvio, entreverán tu intención y se pondrán a la defensiva. Sin embargo, aún no se conoce defensa contra la insinuación, el arte de sembrar ideas en la mente de los demás soltando alusiones escurridizas que echen raíces días después, hasta hacerles parecer a ellos que son ideas propias. La insinuación es el medio supremo para influir en la gente. Crea un sub-lenguaje, con afirmaciones atrevidas seguidas por retractaciones y disculpas, comentarios ambiguos, charla banal combinada con miradas tentadoras; que entre en el inconsciente de tu blanco para transmitirle tu verdadera intención. Vuelve todo sugerente.

7.- Penetra su espíritu.

Casi todas las personas se encierran en su mundo, lo que las hace obstinadas y difíciles de convencer. El modo de sacarlas de su concha e iniciar tu seducción es penetrar su espíritu. Juega según sus reglas, gusta de lo que gustan, adáptate a su estado de ánimo. Halagarás así su arraigado narcisismo, y reducirás sus defensas. Hipnotizados por la imagen especular que les presentas, se abrirán, y serán vulnerables a tu sutil influencia. Pronto podrás cambiar la dinámica: una vez que hayas penetrado su espíritu, puedes hacer que ellos penetren el tuyo, cuando sea demasiado tarde para dar marcha atrás. Cede a cada antojo y capricho de tus blancos, para no darles motivo de reaccionar o resistirse.

8.- Crea tentación.

Haz caer al objetivo en tu seducción creando la tentación adecuada: un destello de los placeres por venir. Así como la serpiente tentó a Eva con la promesa del conocimiento prohibido, tú debes despertar en tus objetivos un deseo que no puedan controlar. Busca su debilidad, esa fantasía aún por conseguir, y da a entender que puedes alcanzarla. Podría ser riqueza, aventura, placeres prohibidos; la clave es que todo sea vago. Pon el premio ante sus ojos, aplazando la satisfacción, y que su mente haga el resto. El futuro parecerá lleno de posibilidades. Estimula una curiosidad más intensa que las dudas y ansiedades que la acompañan, y ellos te seguirán.

Hoy en día las barreras deben ser más psicológicas: tu corazón pertenece a otro; el objetivo en realidad no te interesa; un secreto te detiene; no es el momento; no eres digno de la otra persona; la otra persona no es digna de ti, etcétera. A la inversa, podrías elegir a alguien con una barrera implícita: pertenece a otro, no debe quererte. A la gente le excita perversamente lo que no puede o no debe tener

“La única manera de librarse de la tentación es rendirse a ella”. – Oscar Wilde.

En todos nosotros acecha un niño: un placer que se nos negó, un deseo reprimido. Toca esa fibra en otros, tiéntalos con el juguete adecuado (aventura, dinero, diversión) y abandonarán su normal sensatez adulta. Identifica su debilidad a partir de cualquier conducta infantil que revelen en la vida diaria: esa es la punta del iceberg.

¡No te pierdas el próximo capítulo con la Fase II del Proceso de la Seducción!

 

Por Raffaella Carrà



et cetera
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