Soltera a los 40 – Compartimos historias de singles











{17/03/2014}   La Seducción Física

seducción física¡Por fin llegamos a la fase final del Proceso de Seducción! Tras la seducción mental y sentimental, ahora hablaremos de la seducción física, según el Arte de la Seducción de Robert Greene.

Paso 21: Dales la oportunidad de caer: El perseguidor perseguido.

Para hacer hervir a tus “víctimas”, adormece su mente y calienta sus sentidos. Lo mejor es que las atraigas a la lujuria emitiendo ciertas señales que las exalten y propaguen el deseo sexual como un veneno.

22: Usa señuelos físicos.

El momento de atacar llega cuando arde en deseos pero no espera conscientemente el arribo del climax.

23: Domina el arte de la acción audaz.

Una vez concluida la seducción, existe el peligro de que el desencanto aparezca y arruine tu arduo trabajo.

24: Cuídate de las secuelas.

Si buscas una relación, deberás volver a seducirlo constantemente, creando tensión y liberándola. Pero si tu víctima ha de ser sacrificada, hazlo rápida y limpiamente, para que estés en libertad (física y psicológica) de pasar a la siguiente. El juego volverá a empezar entonces.

Si tus objetivos se acostumbran a que seas tú el agresor, pondrán poca energía de su parte y la tensión disminuirá. Debes espabilarlos, invertir la situación. Una vez sometidos a tu hechizo, da un paso atrás y empezarán a seguirte. Comienza con un dejo de distanciamiento, una desaparición inesperada, la insinuación de que te aburres. Causa agitación fingiendo interesarte en otro. No seas explícito; que sólo lo sientan y su imaginación hará el resto, creando la duda que deseas. Pronto querrán poseerte físicamente, y su compostura se evaporará. La meta es que caigan en tus brazos por iniciativa propia. Crea la ilusión de que se seduce al seductor.

Esta situación no se presta a que parezcas cruel; los efectos que persigues son duda y ansiedad.

De acuerdo con el psicólogo Theodor Reik, aprendemos a amar únicamente por medio del rechazo. Cuando niños, nuestra madre nos colma de amor; no sabemos nada más. Pero cuando crecemos, empezamos a sentir que su amor no es incondicional. Si no nos portamos bien, si no la complacemos, ella puede retirarlo. La idea de que retirará su afecto nos llena de ansiedad, y al principio de furia. Pero esto nunca funciona, y poco a poco nos damos cuenta de que la única manera de impedir que ella vuelva a rechazarnos es imitarla: ser tan cariñosos, buenos y afectuosos como ella. Esto la unirá a nosotros muy profundamente.

Esta pauta queda impresa en nosotros por el resto de nuestra vida; al experimentar rechazo o frialdad, aprendemos a cortejar y perseguir, a amar.

Ten en cuenta que los objetivos de mente activa son peligrosos: si entrevén tus manipulaciones. Pon a descansar su mente poco a poco y despierta sus durmientes sentidos combinando una actitud no defensiva con una presencia sexual apasionada. Mientras tu aire sereno y despreocupado reduce sus inhibiciones, tus miradas, voz y modales —desbordantes de sexo y deseo— les crisparán los nervios y elevarán su temperatura. No fuerces nunca el contacto físico; en cambio, contagia de ardor a tus blancos, hazles sentir apetito carnal.

Condúcelos al momento: un presente intenso en que la moral, el juicio y la preocupación por el futuro se derretirán por igual y el cuerpo sucumbirá al placer.

Tu seguridad y serenidad tendrán más poder que todo el alcohol que puedas aplicar. Exhibe ligereza de espíritu: nada te molesta, nada te amilana, no te tomas nada en forma personal. Invitas a tus objetivos a deshacerse de las cargas de la civilización, a seguir tu ejemplo y tu rumbo. No hables de trabajo, deber, matrimonio, pasado o futuro. Muchas otras personas lo harán. En cambio, ofrece el raro estremecimiento de perderse en el momento, donde los sentidos cobran vida y la mente queda atrás.

Hoy más que nunca, nuestra mente se halla en un estado de constante distracción, bombardeada por información interminable, proveniente de todas direcciones. Quizá recurrimos al alcohol, las drogas, la actividad física, cualquier cosa que nos ayude a que la mente afloje el paso, a estar más presentes en el momento. Nuestra insatisfacción ofrece al hábil seductor oportunidades infinitas.

Ademas del placer que se concentren en ti, debes estar alerta a las señales de excitación física. Sonrojamiento, temblor de la voz, lágrimas, una risa inusualmente enérgica, movimientos de relajación del cuerpo, cualquier tipo de reflejo involuntario, un revelador lapsus Unguae: éstos son signos de que la víctima se desliza hacia el momento, y de que ha de aplicarse presión.

La seducción, como la guerra, suele ser un juego de distancia y aproximación.

Tus armas primordiales son tus ojos, y una actitud misteriosa. Byron por ejemplo tenía su famosa mirada de soslayo. La clave es que la mirada sea breve y al grano, luego desviarla, como una estocada. Haz que tus ojos revelen deseo, y mantén inexpresivo el resto de tu cara. Una sonrisa echaría a perder el efecto. Una vez caldeada la víctima, acorta rápidamente la distancia, pasando al combate cuerpo a cuerpo, en el que no das al enemigo margen para retirarse, ni tiempo para pensar. Para eliminar aquí el elemento de temor, sírvete de los halagos, haz que el objetivo se sienta más masculino o femenino, elogia sus encantos. Es culpa suya que hayas procedido al contacto físico y tomado la iniciativa. No hay mayor atractivo físico que hacer que el objetivo se sienta tentador.

La actividad física compartida es siempre un señuelo excelente. Con frecuencia, usar señuelos espirituales ayudará a en-cubrir la naturaleza crecientemente física de la seducción.

Ha llegado el momento especial, tu víctima te desea sin duda alguna pero no está dispuesta a admitirlo con franqueza, y mucho menos a consentirlo. Es hora de dejar de lado la caballerosidad, la amabilidad, la coquetería y desarrollar una acción audaz.

No des tiempo a la víctima de pensar en las consecuencias; genera conflicto, provoca tensión, para que la acción audaz sea una gran liberación.

Exhibir vacilación o torpeza indicará que piensas en ti, no que estás abrumado por los encantos de la víctima. Jamás te contengas ni dejes al objetivo a medio camino, en la creencia de que eres correcto y considerado; es momento de ser seductor, no amable. Alguien debe pasar a la ofensiva, y ése eres tú, hacerlas sentir que sus encantos te han trastornado y empujado al acto audaz. Ellas alcanzarán entonces el placer supremo: la rendición física, y un halago psicológico a su vanidad.

El acto audaz debe llegar como una grata sorpresa, aunque no del todo inesperada.

Espera el momento oportuno. Está atento a las circunstancias favorables. Esto te dará margen para improvisar y dejarte llevar por el momento.

La coqueta despierta el deseo masculino, está completamente al mando, y a última hora, tras hacer hervir a su víctima, retrocede y permite que ésta realice el acto audaz. La mujer prepara todo, y después indica con los ojos, con sus gestos, que está lista para él.

El peligro se cuenta entre las repercusiones de una seducción satisfactoria. Una vez llegadas a un extremo, las emociones suelen oscilar en la dirección opuesta, hacia la lasitud, la desconfianza y la desilusión.

Cuídate de una larga, interminable despedida; insegura, la víctima se aferrará, y los dos sufrirán. Si vas a romper, haz el sacrificio rápida y repentinamente. De ser necesario, rompe deliberadamente el encanto que has creado. Si vas a permanecer en una relación, guárdate del decaimiento del empuje, la reptante familiaridad que estropeará la fantasía. Si el juego debe continuar, se impone una segunda seducción.

Jamás permitas que la otra persona deje de valorarte: sírvete de la ausencia, crea aflicción y conflicto, mantén en ascuas al la seducida.

Domina las siguientes tácticas para evitar secuelas indeseadas:

Combate la inercia, con estrategia y esfuerzo.

Mantén el misterio. La familiaridad es la muerte de la seducción, la realidad no es seductora. Conserva algunos rincones oscuros en tu carácter, frustra expectativas, usa las ausencias.

Mantén la ligereza, la seducción es un juego. No controlarás a la otra persona fastidiándola y quejándote; esto la pondrá a la defensiva. Tendrás más control si mantienes el espíritu apropiado y tu picardía.

Evita el lento desgaste.

Ambiente seductor y Momento seductor.

En la seducción, tus víctimas deben llegar a sentir poco a poco un cambio interno. Bajo tu influencia, deponen sus defensas y se sienten en libertad de ser distintas. Ciertos lugares, ambientes y experiencias te serán de mucha ayuda en tu afán de cambiar y transformar a la seducida.. Los espacios con una cualidad teatral acentuada —opulencia, superficies relucientes, espíritu lúdico—generan una sensación optimista, infantil, que dificulta a la víctima pensar con claridad. Crear una noción alterada del tiempo tiene un efecto similar; momentos vertiginosos, memorables y destacados, un ánimo de fiesta y juego. Haz que sientan que estar contigo les brinda una experiencia iferente a la de estar en el mundo real.

Tiempo y espacio de Festival:

Crea efectos teatrales. Usa el lenguaje visual del placer. Inventa efectos místicos.

Distorsiona la noción del tiempo: rapidez y juventud. Crea momentos.

Tú creas para los demás una especie de concentrado “mundo flotante” psicológico, que produce adicción.

Seducción suave.

Si eres demasiado obvio en tus argumentos, despertarás sospechas y aburrirás. Usa en cambio un método suave, seductor y acechante. Sé indirecto. Tu nombre e imagen deben cubrirse de asociaciones positivas; placer y expectativa. Acechante: apunta al inconsciente, usando imágenes que perduren en la mente.

Despierta emociones elementales, Apunta al corazón, no a la cabeza.

Para consultar los artículos anteriores haz clic aquí: El Proceso de Seducción Parte I, El Proceso de Seducción Parte II y El Proceso de Seducción Parte III.

¡BUENA SUERTE!

 

Por Raffaella Carrà



et cetera
A %d blogueros les gusta esto: