Soltera a los 40 – Compartimos historias de singles











{26/04/2015}   Tipos de Seductores

marilynEn este post seguimos con la segunda parte del Arte de la Seducción de Robert Greene, donde pasaré a contarles los 10 tipos de seductores que existen según el autor. Estos son consejos útiles para ambos sexos.

1.- La Sirena A un hombre suele agobiarle en secreto el papel que debe ejercer: el de ser siempre responsable, dominante y racional. La sirena es la máxima figura de la fantasía masculina porque brinda una liberación total de las limitaciones de la vida. En su presencia, siempre realzada y sexualmente cargada, el hombre se siente transportado a un mundo de absoluto placer. Ella es peligrosa, y al perseguirla con tesón, el hombre puede perder el control de sí, algo que ansia hacer en el fondo. La sirena es un espejismo que tienta a los hombres cultivando una apariencia y actitud particulares. En un mundo donde las mujeres son, con frecuencia, demasiado tímidas para proyectar esa imagen; la sirena aprende a controlar la libido de los hombres encarnando su fantasía. En cuanto al sexo, habiéndose distinguido de las demás mujeres, la sirena debe poseer otras 2 cualidades críticas: la habilidad para lograr que el hombre la persiga con tal denuedo que pierda el control, más un toque de peligro. E1 peligro es increíblemente seductor. Añade interés emocional, y hoy en día es particularmente atractivo para los hombres, por lo común racionales y reprimidos. Consejo: sé algo esquiva y distante, promete un mundo de puro placer.

2.- El libertino Una mujer nunca se siente suficientemente deseada y apreciada. Quiere atención, pero demasiado a menudo el hombre es distraído e insensible. El libertino es una de las grandes figuras de la fantasía femenina: cuando desea a una mujer, por breve que pueda ser ese momento, irá hasta el fin del mundo por ella. Puede ser infiel, deshonesto y amoral, pero eso no hace sino aumentar su atractivo. A diferencia del hombre decente normal, el libertino es deliciosamente desenfrenado, esclavo de su amor por las mujeres. Existe además el señuelo de su reputación: tantas mujeres han sucumbido a él que debe haber un motivo. Las palabra son la debilidad de una mujer, y él es un maestro del lenguaje seductor. Consejo: despierta el ansia reprimida de una mujer adaptando a ti la combinación de peligro y placer del libertino.

3.-El amante Ideal La mayoría de la gente tiene sueños de juventud que se hacen trizas o se desgastan con la edad. Se ven decepcionados por personas, sucesos y realidades que no están a la altura de sus aspiraciones juveniles. Los amantes ideales medran entonces en esos sueños insatisfechos, convertidos en fantasías duraderas. ¿Anhelas romance? ¿Aventura? ¿Comunión espiritual? El amante ideal reflejará tu fantasía. Es experto en crear la ilusión que necesitas, idealizando tu imagen en un mundo de bajeza y desencanto. Hazlos sentir elevados, nobles, espirituales. La clave para seguir la senda del amante ideal es la capacidad de observación. Ignora las palabras y conducta consciente de tus blancos; concéntrate en su tono de voz, un sonrojo aquí, una mirada allá: las señales que delatan lo que sus palabras no dirán.

4.- El Dandy Casi todos nos sentimos atrapados en los limitados roles que el mundo espera de nosotros. Al instante nos atraen quienes son más desenvueltos y ambiguos, aquellos que crean su propio personaje. Los dandys nos excitan porque son inclasificables e insinúan una libertad que deseamos, juegan con la masculinidad y la feminidad. Inventan su imagen física, asombrosa siempre; son misteriosos y elusivos. Apelan también al narcisismo de cada sexo: para una mujer son psicológicamente femeninos, para un hombre son masculinos. Los dandys fascinan y seducen en gran cantidad. Consejo: usa la eficacia del dandy para crear una presencia ambigua y tentadora que agite deseos reprimidos. Y nunca te entregues por completo; aunque seas apasionadamente sexual, conserva siempre un aire de independencia y auto-control.

5. El Cándido La niñez es el paraíso dorado que, consciente o inconscientemente, en todo momento intentamos recrear. El cándido personifica las añoradas cualidades de la infancia: espontaneidad, sinceridad, sencillez. En presencia de los cándidos nos sentimos a gusto, arrebatados por su espíritu juguetón, transportados a esa edad de oro. Ellos hacen de la debilidad una virtud, pues la compasión que despiertan con sus tanteos nos impulsa a protegerlos y ayudarlos. Como en los niños, gran parte de esto es natural, pero otra es exagerada, una maniobra intencional de seducción. Adopta la actitud del cándido para neutralizar la reserva natural de la gente y contagiarla de tu desvalido encanto. Porque entre más civilizados somos, mayor es el efecto que los hechos naturales ejercen en nosotros. La reserva es mortal en la seducción; ponte a la defensiva y la otra persona se pondrá igual. El amante accesible, por el contrario, reduce las inhibiciones de su objetivo y cede en vez de resistirse. La fuerza y el poder explícitos rara vez son seductores; nos vuelven aprensivos o envidiosos. Pero cuidado de mostrarse necesitado, lo cual es completamente anti-seductor. Los cándidos adultos, en particular los artistas: crean su propio mundo fantástico y viven en él como si fuera el verdadero. La fantasía es mucho más grata que la realidad, y como la mayoría de la gente no tiene fuerza o valor para crear un mundo así, goza al estar con quienes lo hacen. La seducción depende del mimetismo, de la creación consciente de un estado anímico o sentimiento luego reproducido por la otra persona. Pero el titubeo y la torpeza también son contagiosos, y mortíferos para la seducción. Mezcla tus impulsos cándidos con madurez para no ser insoportable.

6.- La Coqueta La habilidad para retardar la satisfacción es el arte consumado de la seducción: mientras espera, la víctima está subyugada. Las coquetas son las grandes maestras de este juego, pues orquestan el vaivén entre esperanza y frustración. Azuzan con una promesa de premio la esperanza de placer físico, felicidad, fama por asociación, poder ya que resulta elusiva, pero que sólo provoca que sus objetivos las persigan más. Las coquetas semejan ser totalmente auto-suficientes: no te necesitan, parecen decir, y su narcisismo resulta endemoniadamente atractivo. Quieres conquistarlas, pero ellas tienen las cartas. La estrategia de la coqueta es no ofrecer nunca satisfacción total. Imita la vehemencia e indiferencia alternadas de la coqueta y mantendrás al seducido tras de ti. La gente es inherente-mente perversa. Una conquista fácil tiene menos valor que una difícil; en realidad, sólo nos excita lo que se nos niega, lo que no podemos poseer por completo. Tu mayor poder en la seducción es tu capacidad para distanciarte, para hacer que los demás te sigan, retrasando su satisfacción. Una autoestima baja repele, la seguridad y autosuficiencia atraen. Cuanto menos parezcas necesitar de los demás, es más probable que se sientan atraídos hacia ti.

7. El Encantador El encanto es la seducción sin sexo. Los encantadores son manipuladores consumados que encubren su destreza generando un ambiente de bienestar y placer. Su método es simple: desviar la atención de sí mismos y dirigirla a su objetivo. Comprenden tu espíritu, sienten tu pena, se adaptan a tu estado de ánimo. En presencia de un encantador, te sientes mejor. Ellos no discuten, pelean, se quejan ni fastidian: ¿qué podría ser más seductor? Al atraerte con su indulgencia, te hacen dependiente de ellos, y su poder aumenta. Aprende a ejercer el hechizo del encantador apuntando a las debilidades primarias de la gente: vanidad y amor propio. Haz de tu objetivo el centro de mención. Los encantadores se pierden en segundo plano; sus objetivos son su tema de interés. Para ser un encantador, debes aprender a escuchar y observar. Deja hablar a tus objetivos, y con ello quedarán al descubierto. Al conocerlos mejor, sus fortalezas y sobre todo sus debilidades, podrás individualizar tu atención, Apelar a sus deseos y necesidades específicos, ajustar tus halagos a sus inseguridades. Nunca critiques abiertamente a la gente; esto la hará sentirse insegura, y se resistirá al cambio. Siembra ideas, insinúa sugerencias. Las personas son narcisistas; se sienten atraídas por quienes se parecen más a ellas. Da la impresión de que compartes sus valores y gustos, de que comprendes su espíritu, y caerán bajo tu hechizo. Nunca te lamentes, nunca te quejes, nunca intentes justificarte. Esta es la clave del encantamiento: fomentar lo reprimido o negado.

8. El Carismático El carisma es una presencia que nos excita. Procede de una cualidad interior: seguridad, energía sexual, determinación, placidez; que la mayoría de la gente no tiene y desea. Esta cualidad resplandece e impregna los gestos de los carismáticos, haciéndolos parecer extraordinarias y superiores; induciéndonos a imaginar que son más grandes de lo que parecen: dioses, santos, estrellas. Ellos aprenden a aumentar su carisma con una mirada penetrante, una oratoria apasionada y un aire de misterio. Pueden seducir a gran escala. Crean la ilusión carismática irradiando fuerza, aunque sin involucrarse. Dado que la mayoría de las personas son predecibles, el efecto suele ser desastador. Se vuelven difícil de entender, añaden riqueza a su carácter, hacen que la gente hable de ellos. Sus características son: propósito, determinación, misterio, santidad, elocuencia, teatralidad, desinhibición. Fervor, cierta vulnerabilidad, audacia, magnetismo. Si un atributo físico es crucial para la seducción son los ojos. Revelan excitación, tensión, desapego, sin palabras de por medio. La comunicación indirecta es crítica en la seducción, y también en el carisma. La mayoría vivimos en un estado de semi-sonambulismo: simplemente hacemos nuestras tareas diarias y los días pasan volando. Las 2 excepciones a esto son la infancia y los momentos en que estamos enamorados. En ambos casos, nuestras emociones están más comprometidas, más abiertas y activas. Y hacemos equivaler la emotividad con el hecho de sentirnos más vivos.

9.- La Estrella La vida diaria es dura, casi todos buscamos incesantemente huir de ella en sueños y fantasías. Las estrellas aprovechan esta debilidad; al distinguirse de los demás por su atractivo y estilo característico, nos empujan a mirarlas. Al mismo tiempo, son vagas y etéreas, guardan su distancia y nos dejan imaginar más de lo que existe. Su irrealidad actúa en nuestro inconsciente; ni siquiera sabemos cuánto las imitamos. Aprende a ser objeto de fascinación proyectando la brillante y escurridiza presencia de la estrella. La seducción es una forma de persuasión que busca eludir la conciencia, incitando en cambio a la mente inconsciente. Ya que nos hemos vuelto crecientemente cínicos, es importante aprender el arte de la insinuación. Lo que Freud llamó lo “misterioso”: algo que parece extraño y conocido a la vez. Cultiva un rostro inexpresivo y misterioso, la estrella despierta interpretaciones…

10. El Anti-seductor Los seductores te atraen por la atención concentrada e individualizada que te prestan. Los anti-seductores son lo contrario: inseguros, ensimismados e incapaces de entender la psicología de otra persona; literalmente repelen. Los anti-seductores no tienen conciencia de sí mismos y jamás reparan en cuándo fastidian, imponen, hablan demasiado. Carecen de sutileza para crear el augurio de placer que la seducción requiere. Erradica de ti los rasgos antiseductores y reconócelos en otros; tratar con un anti-seductor no es placentero ni provechoso. Tal vez te colman de elogios inmerecidos, y te declaran su amor antes de saber nada acerca de ti. O, sobre todo, no prestan atención a los detalles. Sus características son: mezquindad. impaciencia, egoísmo. Sofoca con su vacío interior. Es moralizador, farfullador, locuaz, reactor o vulgar. La atención a los detalles, el tacto y el estilo son todos ellos requisitos básicos de un seductor, la seducción es todo un ritual.

Por Raffaella Carrà



{17/03/2014}   La Seducción Física

seducción física¡Por fin llegamos a la fase final del Proceso de Seducción! Tras la seducción mental y sentimental, ahora hablaremos de la seducción física, según el Arte de la Seducción de Robert Greene.

Paso 21: Dales la oportunidad de caer: El perseguidor perseguido.

Para hacer hervir a tus “víctimas”, adormece su mente y calienta sus sentidos. Lo mejor es que las atraigas a la lujuria emitiendo ciertas señales que las exalten y propaguen el deseo sexual como un veneno.

22: Usa señuelos físicos.

El momento de atacar llega cuando arde en deseos pero no espera conscientemente el arribo del climax.

23: Domina el arte de la acción audaz.

Una vez concluida la seducción, existe el peligro de que el desencanto aparezca y arruine tu arduo trabajo.

24: Cuídate de las secuelas.

Si buscas una relación, deberás volver a seducirlo constantemente, creando tensión y liberándola. Pero si tu víctima ha de ser sacrificada, hazlo rápida y limpiamente, para que estés en libertad (física y psicológica) de pasar a la siguiente. El juego volverá a empezar entonces.

Si tus objetivos se acostumbran a que seas tú el agresor, pondrán poca energía de su parte y la tensión disminuirá. Debes espabilarlos, invertir la situación. Una vez sometidos a tu hechizo, da un paso atrás y empezarán a seguirte. Comienza con un dejo de distanciamiento, una desaparición inesperada, la insinuación de que te aburres. Causa agitación fingiendo interesarte en otro. No seas explícito; que sólo lo sientan y su imaginación hará el resto, creando la duda que deseas. Pronto querrán poseerte físicamente, y su compostura se evaporará. La meta es que caigan en tus brazos por iniciativa propia. Crea la ilusión de que se seduce al seductor.

Esta situación no se presta a que parezcas cruel; los efectos que persigues son duda y ansiedad.

De acuerdo con el psicólogo Theodor Reik, aprendemos a amar únicamente por medio del rechazo. Cuando niños, nuestra madre nos colma de amor; no sabemos nada más. Pero cuando crecemos, empezamos a sentir que su amor no es incondicional. Si no nos portamos bien, si no la complacemos, ella puede retirarlo. La idea de que retirará su afecto nos llena de ansiedad, y al principio de furia. Pero esto nunca funciona, y poco a poco nos damos cuenta de que la única manera de impedir que ella vuelva a rechazarnos es imitarla: ser tan cariñosos, buenos y afectuosos como ella. Esto la unirá a nosotros muy profundamente.

Esta pauta queda impresa en nosotros por el resto de nuestra vida; al experimentar rechazo o frialdad, aprendemos a cortejar y perseguir, a amar.

Ten en cuenta que los objetivos de mente activa son peligrosos: si entrevén tus manipulaciones. Pon a descansar su mente poco a poco y despierta sus durmientes sentidos combinando una actitud no defensiva con una presencia sexual apasionada. Mientras tu aire sereno y despreocupado reduce sus inhibiciones, tus miradas, voz y modales —desbordantes de sexo y deseo— les crisparán los nervios y elevarán su temperatura. No fuerces nunca el contacto físico; en cambio, contagia de ardor a tus blancos, hazles sentir apetito carnal.

Condúcelos al momento: un presente intenso en que la moral, el juicio y la preocupación por el futuro se derretirán por igual y el cuerpo sucumbirá al placer.

Tu seguridad y serenidad tendrán más poder que todo el alcohol que puedas aplicar. Exhibe ligereza de espíritu: nada te molesta, nada te amilana, no te tomas nada en forma personal. Invitas a tus objetivos a deshacerse de las cargas de la civilización, a seguir tu ejemplo y tu rumbo. No hables de trabajo, deber, matrimonio, pasado o futuro. Muchas otras personas lo harán. En cambio, ofrece el raro estremecimiento de perderse en el momento, donde los sentidos cobran vida y la mente queda atrás.

Hoy más que nunca, nuestra mente se halla en un estado de constante distracción, bombardeada por información interminable, proveniente de todas direcciones. Quizá recurrimos al alcohol, las drogas, la actividad física, cualquier cosa que nos ayude a que la mente afloje el paso, a estar más presentes en el momento. Nuestra insatisfacción ofrece al hábil seductor oportunidades infinitas.

Ademas del placer que se concentren en ti, debes estar alerta a las señales de excitación física. Sonrojamiento, temblor de la voz, lágrimas, una risa inusualmente enérgica, movimientos de relajación del cuerpo, cualquier tipo de reflejo involuntario, un revelador lapsus Unguae: éstos son signos de que la víctima se desliza hacia el momento, y de que ha de aplicarse presión.

La seducción, como la guerra, suele ser un juego de distancia y aproximación.

Tus armas primordiales son tus ojos, y una actitud misteriosa. Byron por ejemplo tenía su famosa mirada de soslayo. La clave es que la mirada sea breve y al grano, luego desviarla, como una estocada. Haz que tus ojos revelen deseo, y mantén inexpresivo el resto de tu cara. Una sonrisa echaría a perder el efecto. Una vez caldeada la víctima, acorta rápidamente la distancia, pasando al combate cuerpo a cuerpo, en el que no das al enemigo margen para retirarse, ni tiempo para pensar. Para eliminar aquí el elemento de temor, sírvete de los halagos, haz que el objetivo se sienta más masculino o femenino, elogia sus encantos. Es culpa suya que hayas procedido al contacto físico y tomado la iniciativa. No hay mayor atractivo físico que hacer que el objetivo se sienta tentador.

La actividad física compartida es siempre un señuelo excelente. Con frecuencia, usar señuelos espirituales ayudará a en-cubrir la naturaleza crecientemente física de la seducción.

Ha llegado el momento especial, tu víctima te desea sin duda alguna pero no está dispuesta a admitirlo con franqueza, y mucho menos a consentirlo. Es hora de dejar de lado la caballerosidad, la amabilidad, la coquetería y desarrollar una acción audaz.

No des tiempo a la víctima de pensar en las consecuencias; genera conflicto, provoca tensión, para que la acción audaz sea una gran liberación.

Exhibir vacilación o torpeza indicará que piensas en ti, no que estás abrumado por los encantos de la víctima. Jamás te contengas ni dejes al objetivo a medio camino, en la creencia de que eres correcto y considerado; es momento de ser seductor, no amable. Alguien debe pasar a la ofensiva, y ése eres tú, hacerlas sentir que sus encantos te han trastornado y empujado al acto audaz. Ellas alcanzarán entonces el placer supremo: la rendición física, y un halago psicológico a su vanidad.

El acto audaz debe llegar como una grata sorpresa, aunque no del todo inesperada.

Espera el momento oportuno. Está atento a las circunstancias favorables. Esto te dará margen para improvisar y dejarte llevar por el momento.

La coqueta despierta el deseo masculino, está completamente al mando, y a última hora, tras hacer hervir a su víctima, retrocede y permite que ésta realice el acto audaz. La mujer prepara todo, y después indica con los ojos, con sus gestos, que está lista para él.

El peligro se cuenta entre las repercusiones de una seducción satisfactoria. Una vez llegadas a un extremo, las emociones suelen oscilar en la dirección opuesta, hacia la lasitud, la desconfianza y la desilusión.

Cuídate de una larga, interminable despedida; insegura, la víctima se aferrará, y los dos sufrirán. Si vas a romper, haz el sacrificio rápida y repentinamente. De ser necesario, rompe deliberadamente el encanto que has creado. Si vas a permanecer en una relación, guárdate del decaimiento del empuje, la reptante familiaridad que estropeará la fantasía. Si el juego debe continuar, se impone una segunda seducción.

Jamás permitas que la otra persona deje de valorarte: sírvete de la ausencia, crea aflicción y conflicto, mantén en ascuas al la seducida.

Domina las siguientes tácticas para evitar secuelas indeseadas:

Combate la inercia, con estrategia y esfuerzo.

Mantén el misterio. La familiaridad es la muerte de la seducción, la realidad no es seductora. Conserva algunos rincones oscuros en tu carácter, frustra expectativas, usa las ausencias.

Mantén la ligereza, la seducción es un juego. No controlarás a la otra persona fastidiándola y quejándote; esto la pondrá a la defensiva. Tendrás más control si mantienes el espíritu apropiado y tu picardía.

Evita el lento desgaste.

Ambiente seductor y Momento seductor.

En la seducción, tus víctimas deben llegar a sentir poco a poco un cambio interno. Bajo tu influencia, deponen sus defensas y se sienten en libertad de ser distintas. Ciertos lugares, ambientes y experiencias te serán de mucha ayuda en tu afán de cambiar y transformar a la seducida.. Los espacios con una cualidad teatral acentuada —opulencia, superficies relucientes, espíritu lúdico—generan una sensación optimista, infantil, que dificulta a la víctima pensar con claridad. Crear una noción alterada del tiempo tiene un efecto similar; momentos vertiginosos, memorables y destacados, un ánimo de fiesta y juego. Haz que sientan que estar contigo les brinda una experiencia iferente a la de estar en el mundo real.

Tiempo y espacio de Festival:

Crea efectos teatrales. Usa el lenguaje visual del placer. Inventa efectos místicos.

Distorsiona la noción del tiempo: rapidez y juventud. Crea momentos.

Tú creas para los demás una especie de concentrado “mundo flotante” psicológico, que produce adicción.

Seducción suave.

Si eres demasiado obvio en tus argumentos, despertarás sospechas y aburrirás. Usa en cambio un método suave, seductor y acechante. Sé indirecto. Tu nombre e imagen deben cubrirse de asociaciones positivas; placer y expectativa. Acechante: apunta al inconsciente, usando imágenes que perduren en la mente.

Despierta emociones elementales, Apunta al corazón, no a la cabeza.

Para consultar los artículos anteriores haz clic aquí: El Proceso de Seducción Parte I, El Proceso de Seducción Parte II y El Proceso de Seducción Parte III.

¡BUENA SUERTE!

 

Por Raffaella Carrà



diablitaEl precipicio

Esta fase trata de la intensificación del efecto de seducción, los sentimientos de amor, apego y la tensión en tu enamorado/a, con medidas extremas; para leer los artículos anteriores haz clic aquí: El Proceso de Seducción Parte I y El Proceso de Seducción Parte II.

Condúcelo entre la esperanza y la desesperación, señala hasta dónde estás dispuesto a llegar por él haciendo una obra noble o audaz.

Advertencia: ¡Desde aquí el plan de seducción se vuelve cada vez más maquiavélico! ¿Te atreverás a seguirlo…?

Punto 16:

Muestra de lo que eres capaz, esto acarreará una sacudida potente, desatará una reacción sumamente positiva. Nunca exhibas desánimo por la resistencia de la gente, ni te quejes. En cambio, enfrenta el reto y a la inversa, alienta a los demás a demostrar su valía volviéndote difícil de alcanzar, inasible, disputable.

A un hombre en realidad le agrada poder demostrar su valor, ser desafiado, competir, sufrir pruebas y tribulaciones para salir victorioso. Tiene una vena masoquista; a una parte suya le gusta sufrir. Y por extraño que parezca, entre más exige una mujer, más digna parece. Una mujer fácil de obtener no puede valer gran cosa.

La vehemencia de la seducción aumenta con estos desafíos. Conoce bien a tu objetivo, y dirige tu evidencia seductora a la fuente de sus dudas y su resistencia.

Punto 17:

Efectúa una regresión. Todos tenemos cicatrices, deseos reprimidos y asuntos pendientes de la infancia. Saca esos deseos y heridas a la superficie, hazlo sentir que recibe lo que nunca tuvo de niño y penetrarás hondo en su psique, despertarás emociones incontrolables.

Pon especial atención a temas e historias recurrentes. Sobre todo, aprende a analizar las reacciones emocionales, y a descubrir lo que hay detrás de ellas. Mientras él habla, mantén la actitud del terapeuta: atento pero callado, haciendo comentarios ocasionales, sin criticar. Sé afectuoso pero distante y él empezará a transferir emociones y proyectar fantasías en ti.

Punto 18:

Fomenta las transgresiones y lo prohibido. Para conseguir que se extralimite y represente sus lados más oscuros, con lo que añadirás a tu seducción una sensación de peligro. Llévalo más lejos de lo que imaginó; la sensación compartida de culpa y complicidad creará un poderoso vínculo.

Punto 19:

Usa señuelos espirituales. Lo erótico acecha bajo lo espiritual.

Necesitas acentuar el hechizo, y nada confundirá y encantará más que dar a tu seducción un cariz espiritual. No es lascivia lo que te motiva, sino el destino, ideas divinas y elevadas.

Acentúa él efecto de tu seducción haciendo que su culminación sexual semeje la unión espiritual de dos almas. La religión es el gran bálsamo de la existencia, porque nos saca de nosotros mismos, nos pone en relación con algo mayor.

Punto 20:

Combina el placer y el dolor. Sentirá enorme tensión, y ansia de alivio.

El error más grave en la seducción es ser demasiado comedido. Tu amabilidad quizá sea encantadora al principio, pero pronto se volverá monótona; te esmeras mucho en complacer, y pareces inseguro.

Atráelos con una atención concentrada, y luego cambia de dirección, pareciendo indiferente de pronto. Hazlos sentir culpables e inseguros. Instiga incluso un rompimiento, sometiéndolos a un vacío y dolor que te den margen para

maniobrar; después, una reconciliación, una disculpa, él retorno a tu amabilidad de antes, hará que les tiemblen las piernas. Cuanto más bajo llegues, más alto ascenderás. Para aumentar la carga erótica, crea la excitación del temor.

Haz uso de esta pauta para tener en suspenso a tus blancos: temerosos de tu dureza y ansiosos de mantenerte suave.

La sensación erótica depende de la creación de tensión. Sin tensión, sin ansiedad y suspenso, no puede haber liberación, verdadero placer y satisfacción.

Recuerda: tienes más que temer del hecho de aburrir a tus blancos que de sacudirlos.

 

En resumen: primero trabajaste la seducción mental. Después las confundiste y

estimulaste: la seducción emocional. Ahora ha llegado el momento del combate cuerpo a cuerpo: la seducción física.

¡No le lo pierdas el próximo artículo sobre la etapa de la seducción física en el arte de la seducción!

Opiniones ???

 

Por Raffaella Carrà



Este post es una secuela de “El Arte de la Seducción” de Robert Greene.

Es un artículo resumen de este capítulo del libro, quiero aclarar que no es de opinión.

¡Se agradecerán vuestros comentarios al respecto!

La mayoría comprendemos que ciertos actos nuestros tendrán un efecto grato y seductor en otras personas. El problema es que, por lo general, estamos demasiado absortas en nosotras mismas: pensamos más en lo que queremos que en lo que ellos podrían querer de nosotros. Quizá a veces hacemos algo seductor, pero a menudo proseguimos con un acto egoísta o agresivo, tenemos prisa por lograr lo que deseamos. O sin saberlo, mostramos un lado mezquino y banal, desvaneciendo así las ilusiones o fantasías que él podría tener de nosotras. Nuestros intentos de seducción no suelen durar lo suficiente para surtir efecto.

No seducirás a nadie dependiendo sólo de tu cautivadora personalidad, o haciendo ocasionalmente algo noble o atractivo. La seducción es un proceso que ocurre en el tiempo: cuanto más tardes y más lento avances en él, más hondo llegarás en la mente del otro.

La seducción es un arte que requiere paciencia, concentración y pensamiento estratégico. Siempre debes estar un paso adelante del otro, encandilándolo  y descontrolándolo; esto se basa en ciertas leyes eternas de la psicología humana.

Hay 4 fases, cada tiene una meta particular: lograr que él piense en ti; tener acceso a sus emociones creando momentos de placer y confusión; llegar profundo actuando sobre su inconsciente y estimulando deseos reprimidos, y por último inducir la rendición física.

¡Comienza la cacería!

Punto 1.- Elige la víctima correcta.

Todo depende del objetivo de tu seducción. Estudia detalladamente a tu presa y elige sólo las que serán susceptibles a tus encantos. Las víctimas correctas son aquellas en las que puedes llenar un vacío, las que ven en ti algo exótico. A menudo están aisladas o son al menos un tanto infelices (a causa tal vez de recientes circunstancias adversas), o bien se les puede llevar con facilidad a ese punto, porque la persona totalmente satisfecha es casi imposible de seducir. La víctima perfecta posee alguna cualidad innata que te atrae y tus maniobras de seducción deberán ser naturales y dinámicas.

2.- Crea una falsa sensación de seguridad.

Acércate indirectamente. Si al principio eres demasiado directo, corres él riesgo de causar una resistencia que nunca cederá. La seducción ha de iniciarse indirectamente para que el objetivo se percate de ti en forma gradual. Ronda la periferia de la vida de tu blanco: aproxímate a través de un tercero, o finge cultivar una relación en cierto modo neutral, pasando poco a poco de amigo a amante.

Trama un encuentro “casual”, como si tu blanco y tú estuvieran destinados a conocerse; nada es más seductor que una sensación de destino. Haz que él objetivo se sienta seguro, y luego ataca.

3.- Emite señales contradictorias.

Una vez que la gente percibe tu presencia y que incluso se siente vagamente intrigada por ella, debes fomentar su interés antes de que lo dirija a otro. Lo obvio y llamativo puede atraer su atención al principio, pero esa atención suele ser efímera; a la larga, la ambigüedad es mucho más potente. La mayoría somos demasiado obvios; tú sé difícil de entender. Emite señales contradictorias: duras y suaves, espirituales y terrenales, astutas e inocentes. Una mezcla de cualidades sugiere profundidad, lo que fascina tanto como confunde. Un aura elusiva y enigmática hará que la gente quiera saber más, y esto la atraerá a tu círculo.

4.- Aparenta ser un objeto de deseo: Forma triángulos.

Pocos se sienten atraídos por una persona que otros evitan; la gente se congrega en torno a los que despiertan interés y queremos lo que otros quieren. Para atraer más provoca el ansia de poseerte, debes crear un aura de deseabilidad: de ser cortejada por muchos. Será para ellos cuestión de vanidad volverse el objeto preferido de tu atención, conquistarte sobre una multitud de admiradores. Crea la ilusión de popularidad rodeándote de personas del sexo opuesto: amigos, ex amantes, pretendientes. Forma triángulos que estimulen la rivalidad y aumenten tu valor. Hazte de una fama que te preceda: si muchos han sucumbido a tus encantos, debe haber una razón. Haz que la gente compita por tu atención, que te vea como alguien a quien todos persiguen. El aura de deseabilidad te envolverá.

(Leer el Diario de un seductor, de Soren Kierkegaard)

5.- Engendra una necesidad: Provoca ansiedad y descontento.

Una persona completamente satisfecha no puede ser seducida. Tienes que infundir tensión y disonancia en la mente de tus objetivos. Suscita en ellos sensaciones de descontento, disgusto con sus circunstancias y ellos mismos: su vida carece de aventura, se han apartado de sus ideales de juventud, se han vuelto aburridos. Las sensaciones de insuficiencia que crees te brindarán la oportunidad de insinuarte, de hacer que te vean como la solución a sus problemas. Angustia y ansiedad son los precursores apropiados del placer. Aprende a inventar la necesidad que tú puedes saciar.

6.- Domina el arte de la insinuación.

Hacer que tus objetivos se sientan insatisfechos y en necesidad de tu atención es esencial; pero si eres demasiado obvio, entreverán tu intención y se pondrán a la defensiva. Sin embargo, aún no se conoce defensa contra la insinuación, el arte de sembrar ideas en la mente de los demás soltando alusiones escurridizas que echen raíces días después, hasta hacerles parecer a ellos que son ideas propias. La insinuación es el medio supremo para influir en la gente. Crea un sub-lenguaje, con afirmaciones atrevidas seguidas por retractaciones y disculpas, comentarios ambiguos, charla banal combinada con miradas tentadoras; que entre en el inconsciente de tu blanco para transmitirle tu verdadera intención. Vuelve todo sugerente.

7.- Penetra su espíritu.

Casi todas las personas se encierran en su mundo, lo que las hace obstinadas y difíciles de convencer. El modo de sacarlas de su concha e iniciar tu seducción es penetrar su espíritu. Juega según sus reglas, gusta de lo que gustan, adáptate a su estado de ánimo. Halagarás así su arraigado narcisismo, y reducirás sus defensas. Hipnotizados por la imagen especular que les presentas, se abrirán, y serán vulnerables a tu sutil influencia. Pronto podrás cambiar la dinámica: una vez que hayas penetrado su espíritu, puedes hacer que ellos penetren el tuyo, cuando sea demasiado tarde para dar marcha atrás. Cede a cada antojo y capricho de tus blancos, para no darles motivo de reaccionar o resistirse.

8.- Crea tentación.

Haz caer al objetivo en tu seducción creando la tentación adecuada: un destello de los placeres por venir. Así como la serpiente tentó a Eva con la promesa del conocimiento prohibido, tú debes despertar en tus objetivos un deseo que no puedan controlar. Busca su debilidad, esa fantasía aún por conseguir, y da a entender que puedes alcanzarla. Podría ser riqueza, aventura, placeres prohibidos; la clave es que todo sea vago. Pon el premio ante sus ojos, aplazando la satisfacción, y que su mente haga el resto. El futuro parecerá lleno de posibilidades. Estimula una curiosidad más intensa que las dudas y ansiedades que la acompañan, y ellos te seguirán.

Hoy en día las barreras deben ser más psicológicas: tu corazón pertenece a otro; el objetivo en realidad no te interesa; un secreto te detiene; no es el momento; no eres digno de la otra persona; la otra persona no es digna de ti, etcétera. A la inversa, podrías elegir a alguien con una barrera implícita: pertenece a otro, no debe quererte. A la gente le excita perversamente lo que no puede o no debe tener

“La única manera de librarse de la tentación es rendirse a ella”. – Oscar Wilde.

En todos nosotros acecha un niño: un placer que se nos negó, un deseo reprimido. Toca esa fibra en otros, tiéntalos con el juguete adecuado (aventura, dinero, diversión) y abandonarán su normal sensatez adulta. Identifica su debilidad a partir de cualquier conducta infantil que revelen en la vida diaria: esa es la punta del iceberg.

¡No te pierdas el próximo capítulo con la Fase II del Proceso de la Seducción!

 

Por Raffaella Carrà



el arte de la seducciónSiguiendo con nuestros análisis de obras populares en lo referente al ligoteo y demás artes del amor; hoy le toca el turno al famoso “El Arte de la Seducción” de Robert Greene, primera entrega.

Se trata de un “manual” de seducción muy extenso, pero lo resumiré un poco en varias entregas. A priori, suena manipulador y hasta maquiavélico, pero cabe rescatar el acertado análisis de la psicología humana. Es divertido además… Como introducción les voy avisando entonces, que se trata de un material muy polémico. 

Según el autor los grandes seductores de la historia aprendieron a influir en primera instancia en la mente de sus “víctimas”, estimulando fantasías, logrando que un hombre o una mujer siempre quisiera más. Creando pautas de esperanza y desasosiego: esta es la esencia de la seducción.  Se trata de un poder psicológico más que físico.

El seductor sabe que la gente espera placer; ilusión y juego.

El arte de la seducción se divide entonces en dos partes. La primera, llamada “La personalidad seductora’, describe los nueve tipos de seductores, además del antiseductor. Estudiar estos tipos te permitirá darte cuenta de lo inherentemente seductor en tu personalidad, el factor básico de toda seducción. ¿Tú a cuál perteneces? 

Existen nueve tipos de seductores en el mundo. Cada uno de ellos posee un rasgo de carácter particular venido de muy dentro y que ejerce una influencia especial sobre los demás:

Las Sirenas, quienes por ejemplo, tienen energía sexual en abundancia y saben usarla.

Los Libertinos que adoran insaciablemente al sexo opuesto, y su deseo se hace contagioso.

Los amantes ideales poseen una sensibilidad estética que aplican al romance. Los dandys gustan de jugar con su imagen, creando así una constante tentación avasalladora y andrógina. Los cándidos son espontáneos y abiertos. Las coquetas son autosuficientes, y poseen una frescura esencial fascinante. Los “charming” o encantadores quieren y saben complacer: son criaturas sociales. Los carismáticos poseen una inusual seguridad en sí mismos. Las estrellas son etéreas y se envuelven en el misterio.

Finalmente, el último capítulo de esta sección, habla sobre el “antiseductor”, te hará darte cuenta del potencial contrario en ti: la fuerza de repulsión. 

El autor ha tipificado además, las 18 variantes de “víctimas” ideales para la seducción, cada una de las cuales carece de algo en la vida y acuna un vacío que tú puedes llenar..

Todas las personas que te rodean son posibles víctimas de seducción, pero antes debes saber con qué tipo de víctima tratas para ser más efectivo. Estas se clasifican según lo que creen que les falta en la vida: aventura, atención, romance, una experiencia osada, estimulación mental o física, etcétera. También podremos ver nosotros a cuál nos parecemos…

Una vez identifiques su tipo, tendrás los ingredientes necesarios para la seducción: serás quien les dé lo que les falta y no pueden obtener por sí mismas. Aprende a ver la realidad más allá de la apariencia; por ejemplo, una persona tímida podría anhelar ser estrella; una mojigata, ansiar una emoción transgresora. Nunca intentes seducir a alguien de tu mismo tipo.

Cuando nos enamoramos, por lo general es de alguien que parece llenar ese vacío. 

Un ejemplo interesante es “la soñadora o soñador desilusionada/o”: de niños, los individuos de este tipo probablemente pasaron mucho tiempo solos. Para entretenerse, inventaron una convincente vida de fantasía nutrida por libros, películas y otros elementos de la cultura popular. Pero al crecer, cada vez les es más difícil conciliar su vida de fantasía con la realidad, así que a menudo les decepciona lo que tienen. Eso es particularmente cierto en las relaciones. Estos individuos soñaron con personajes románticos, peligros y emociones, pero lo que tienen es un amante con flaquezas humanas, las pequeñas debilidades de la vida diaria. Al paso de los años, podrían forzarse a transigir, pues de lo contrario se quedarían solos; pero bajo la superficie están amargados y siguen ansiando algo grandioso y romántico.

Puedes reconocer a este tipo de víctima por los libros que lee y las películas que va a ver, la forma en que escucha cuando le cuentan aventuras reales que algunos logran vivir. En su ropa y mobiliario se dejará ver un gusto por el drama o romance exuberante. A menudo está atrapado en relaciones monótonas, y ciertos comentarios aquí y allá revelarán su desilusión y tensión interior.

Estas personas pueden ser víctimas excelentes y satisfactorias, porque por lo general tienen una enorme pasión y energía reprimidas. 

Otros tipos: 

La alteza, mimada y le gusta variedad

La nueva mojigata sexual

La estrella en decadencia

La principiante, se trata de jóvenes curiosos

El conquistador

La fetichista exótica

La reina del drama

El profesor

La bella

El niño viejo

El salvador, les atrae la gente con problemas

El disoluto

El idolatra

El sensualista

El líder solitario

El género flotante. Todos tenemos una combinación de masculinidad y feminidad en nuestro carácter. 

En cuanto a la segunda parte del libro: “El proceso de la seducción”, incluye las 24 maniobras y estrategias que te enseñarán a crear tu hechizo, vencer la resistencia de la gente, dar agilidad y fuerza a tu seducción e inducir rendición en tu objetivo.

Basado, como ya he mencionado, en casos reales y en grandes seductores de la historia: Cleopatra, Casanova, Valentino, Marilyn Monroe, etc.

¡No te pierdas los próximos posts ! Profundizaremos en “El Arte de la Seducción” de Robert Greene.

 

Por Raffaella Carrà

 



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