Soltera a los 40 – Compartimos historias de singles











{05/08/2014}   ANGEL DEMONIO

Me tiraste 10 cardos, y una rosa.

Esa valió por todo lo demás.

Del odio al amor hay un puente corto, de maderas movedizas.

¡Cuanto daría yo por ser otra; cuanto daría por olvidarme de mí en tus brazos!

Brazos que acarician, brazos que ahorcan.

Me despido con un mordisco, y una espina en el lugar que antes te besé con ardor.

Mi amor; te odio hasta el éxtasis…

 

Por Sun

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AnhelosDescubrió una mañana que sus deseos no se habían cumplido en absoluto. Veía el desierto frente a sus ojos, no el mar azul ni el cielo sin nubes que le prometieron.
Su corazón vacío le inspiraba solamente lástima.
Hubiera echado atrás años de sinsentido y desplantes, hubiera construido un rincón donde albergar el despecho y encarcelarlo lejos. Hubiera imaginado un futuro palacio de cristal cálido donde la decepción no encuentra nunca cabida.
El mundo es un mándala, lo sabe, no obstante la realidad de espejos agrandados podría ser más acorde a una felicidad inventada. ¿Dónde están ahora tus sueños y tus deseos?
Esos que te llevan a añorar el campo vecino, los abrazos robados, los besos espiados.
Sin anhelos no hay sufrimiento dijo un sabio.

 

                                            Por Virginia Wolf

 



{09/12/2012}   Abrazos Partidos

abrazos partidosCarmen lo abrazó con ternura en el andén. Él iría a ver al fotógrafo, ella a la última prueba del vestido, pero tenían que ir en dirección opuesta. Se besaron rápido en los labios. ¡Quedaban tantas cosas por hacer aún! Ilusionada, subió las escaleras de la estación mientras él se apeaba al tren de cercanías. Carmen se puso los cascos, no oyó nada.
Era una mañana de marzo del 2004 en Madrid.

Por Virginia Woolf



{07/11/2012}   El Color de las Rosas

las rosas son rojas no serán blancas ni amarillas ni rosadas ni azules mucho menos fueron ni serán negras ¿de qué color es el fuego? ¿los labios del amado? ¿sus ojos cuando le enfadas? no existen los intermedios no pueden existir las medias tintas no permitas que te hagan creer pensar lo contrario la hipocresía es una cortina de humo que droga el entendimiento emborracha el corazón desamparado de quien es manipulado por la gris garra de la mentira embaucadora falaz.

las rosas fueron, son y serán rojas.

 

Por Virginia Woolf



{09/10/2012}   Oda al Infiel

El Sin Sentido gobierna el mundo, tengo la necesidad de expresarlo.
Mis versos son impacientes como yo; porque en un día como hoy, rotundo, los labios azules del cielo gritan palabrotas desde que me levanto.

Porque un día como ayer, vulgares horas, unas tetas tiraron más que carretas y me fuiste infiel, muy infiel, desleal.
Engañoso, esquifozo, borracho. ¡Que más me da si ya no me importas!

El que fuiste, ahora ya no eres, y para mí nunca más serás el que eras.

Por Virginia Woolf



{12/09/2012}   Que Pase El Que Sigue

Me dices que te vas. ¿Con qué valor? ¿Dónde encontraste el coraje?
Dejas mi lugar y te marchas sin más… No te quedas y en la cama ya no hay sábanas, vacías las ollas en la cocina y un vino en vaso derramado.
¿Existe consuelo para el desierto? No, porque el desierto es un gran ogro que camina cojo. Sí, un mal dolor que envenena el ánimo, pero el abandono no dura.
Por un tiempo, sólo por un tiempo…

 

Por Virginia Woolf



Existe aún un miedo peor que al de la soledad, y es el miedo a la felicidad.
Encierra tu corazón en un triste rumor que poco a poco también se apodera de la turbada razón.
Con ruin madera nace el desdichado árbol, fantasma de sombras del que ama pero no se atreve a vivir, a soñar, a arriesgar.
¡Y se condena a sí mismo, a morir!

 

Por Virginia Woolf



{04/09/2012}   El Encuentro

El aire se movía tan lentamente; presagiaba tormenta, terremotos, tsunamis, nuevos alientos.
Ella volaba lejos, aburrida del enjambre, anclada en su vaso largo como un suspiro.
Él volaba también, pero al ras del suelo con sus pupilas. Rodeando justo esas piernas brujas que mareaban un pie terminado en taco aguja, rojo.
Rojos sus ojos negros cuando se encontraron por fin, sabiendo.

 

Por Virginia Woolf



et cetera
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